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Tres colores para ilustrar un libro

29 noviembre, 2018
Colores primarios

A veces menos es más. Con solo tres colores quizás sea posible expresar un contraste de sensaciones e ideas de una forma mucho más vívida que con toda una paleta cromática. De hecho, si lo pensamos bien, la mayoría de los libros se imprimen mediante un proceso de cuatricomía. Es decir, con solo cuatro tintas básicas (amarillo, cian, magenta y negro). La combinación de estas tintas nos permite representar toda una gama de colores. Así pues, para contar una historia quizás no hagan falta mucho más que tres colores.

Lo que me gusta de estos álbumes ilustrados que son capaces de captar nuestra atención con el uso de solo tres colores, o de unos pocos colores primarios, es que acercan ostensiblemente la ilustración a los niños. Para un pequeño armado con una sencilla caja de lapiceros de las de toda la vida, puede resultar complicado lanzarse a elaborar una ilustración llena de detalles cromáticos. Sin embargo, con solo tres colores (o cuatro o cinco) pueden conseguirse grandes resultados.

En los libros que presento a continuación los pequeños ilustradores que tenemos en casa pueden encontrar referentes interesantes. Quizás así podrían animarse a ilustrar sus propias historias. Solo tres colores y unos pocos trazos y figuras geométricas son más que suficientes.

Un libro con solo tres colores: azul, amarillo y rojo.

Tres colores: rojo, amarillo, azul

Un libro. Este título aparentemente tan sencillo editado por Kókinos esconde detrás uno de los libro-juegos más divertidos que conozco. Además es tan versátil que se puede leer a hermanos situados en franjas de edad muy distintas. Y lo mejor es que se puede adaptar fácilmente para que se adecúe a distintos ritmos. Todo ello sin lengüetas, sin pop-up, sin ilustraciones. Nada más que a base de puntos de tres colores: azul, amarillo y rojo.

Con tan poquito consigue Hervé Tullet arrastrarnos desde el principio hasta el final de este libro y otra vez de nuevo al principio. Y encima entre risas, brincos, soplidos y aplausos. ¿Cómo lo consigue? Con mucha imaginación y con  elementos que proceden de la abstracción geométrica. Es así como este libro que se ha convertido en un éxito rotundo. Tullet nos demuestra que para que la magia surta efecto no hacen falta grandes alardes de ingeniería. Solamente es necesario algo de chispa. Y una pizca de buena voluntad.

Nina y Antón en verde, amarillo y rojo.

Tres colores: rojo, amarillo, verde

Una niña, un gato, un libro. Verde, rojo, amarillo. Solo con eso Antonio Ventura y Alejandra Estrada dan vida a esta entrañable historia que nos presenta la editorial Kalandraka. En ella queda retratada una escena de la vida cotidiana de estos dos sencillos personajes: Nina y Antón, sentados una tarde en torno a un libro, leen, imaginan, se comunican, se quieren. Cuando Nina habla, el texto lo encontramos en verde. Cuando habla Antón, en rojo. El resultado: puro costumbrismo dirigido a todos aquellos que miran a los gatos y a los niños sin perder el asombro.

Pero este libro también es un homenaje  a la propia literatura infantil como vínculo entre el mundo de los niños y el de los animales. Y en concreto es un homenaje a la figura de la escritora e ilustradora ya clásica Gabrielle Vincent. El color amarillo se sitúa en el trasfondo de esta historia, como nexo. Es el color que la representa a ella, pues es el color que se utiliza para dibujar el libro que Nina tiene entre sus manos y del que Antón sale despidido. Este libro no es otro que el famoso Ernesto y Clementina, la obra más emblemática y conocida de esta autora.

Este álbum ilustrado, las ilustraciones cargadas de expresividad que alberga, el juego de colores, la historia que presenta, su edición tan pulcra y cuidada y sus muchos niveles de lectura, convierten a ese libro en una auténtica delicia. Además conecta perfectamente con el lenguaje infantil no sólo a nivel verbal sino también a nivel visual. Imprescindible.

Pon Cara de velocidad solo con rojo, amarillo y azul

Tres colores: rojo, amarillo, azul

Otra vez estos tres colores. Los colores primarios. Los que primero conocemos, los más importantes. Y en Cara de velocidad se ponen además al servicio de la poesía infantil. Eso son palabras mayores.

Este libro escrito por Marga Tojo e ilustrado por María Hergueta ha sido todo un hallazgo. Aquí una confesión: no soy una persona acostumbrada a leer poesía. No tengo el hábito de enfrentarme a ella, qué le vamos a hacer. Por eso me encanta descubrir no solo que la poesía puede ser un género fascinante, sino que además es perfectamente apto para niños.

En un universo editorial marcado por el desdén hacia el hecho literario, en el que predominan los libros insustanciales, apuestas como esta se reciben como un soplo de aire fresco. Y si encima entre sus páginas aparecen referencias culturales de la talla de Patti Smith y Bob Dylan, apaga y vámonos.

Este libro esconde joyas como esa “Téc nica contra las explosiones de ira” (“Cuando sientas / garganta de motor / (grrrrrrrr), párate ahí. / Compás de espera / Así, así. / Un, dos, dos, tres, cuatro. / Profundo respirar. / Dejar / / que suba / / la calma / / por la nariz.”) o la “Receta casera para superhéroes” que da nombre al libro (“Coge un pijama cualquiera. / Añade por encima / unas bragas / o / un calzoncillo. / Anuda una toalla / de ducha / al cuello. / Apunta / los brazos al techo / con los ojos entrecerrados / y pon / cara de velocidad…”).

Las ilustraciones además, con su puntito onírico, acompañan perfectamente al texto sin eclipsarlo. Y lo hacen gracias a la combinación de esos tres colores y a la fuerza expresiva que provoca el contraste entre ellos. No dejéis de echarle un ojo.

¿Y el negro y el blanco?

Antes de terminar, un pequeño homenaje a esos dos grandes colores olvidados. Aunque pasen desapercibidos, también están ahí. El negro es el color por antonomasia de las tipografías. Normalmente, tiene que estar muy justificado utilizar cualquier otro (como en el caso de Nina y Antón), pues la lectura tiende a complicarse. El blanco, en sus distintas tonalidades, forma siempre parte de los libros y también, en cierta medida, de las historias que contienen. Ningún buen editor ni ningún buen ilustrador se olvida nunca de ese espacio en blanco. Así pues, pueden parecer solo tres colores… Pero detrás hay mucho más.

Y vosotros, ¿qué podríais hacer solo con tres colores?

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1 comentario

  • Reply remorada 2 diciembre, 2018 at 10:33 am

    mi vida es muy morado, gris y rojo 😛

    de estos solo he leído “un libro” y es un triunfo siempre!

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