Mimo con libros

Límites y hábitos de lectura. ¿Eres un lector maniático?

13 noviembre, 2018
Límites y hábitos de lectura

Siempre me han fascinado las familias que dicen tener únicamente una, dos o tres normas en casa. Si en mi casa no hubiera límites, o únicamente hubiera dos o tres, ninguno de mis hijos estaría ahora mismo vivo. Por no hablar de que tampoco estarían en el colegio. Ni haciendo cualquier otra cosa que no fuera ver películas de dinosaurios en bucle y atiborrarse de chucherías.

No es que los límites y las normas deban formar parte de la crianza. Es que forman parte de la vida. Algunos de ellos forman parte de la vida en su sentido más literal y más biológico. No se puede beber lejía, ni cruzar la calle con el semáforo en rojo, ni meter los dedos en un enchufe. Por tanto, criar sin límites, o con muy poquitos, es poco menos que imposible. Especialmente si vivimos en una gran ciudad llena de peligros y tentaciones y esperamos que nuestros hijos sigan algún tipo de rutina. Dicho lo cual, tampoco puede obviarse que en algunas casas los niños tienen sensiblemente muchos más límites que en otras.

Pero, ¿qué límites afectan a las prácticas lectoras que tenemos en casa? ¿Deberían seguir siendo realmente estos límites líneas rojas en nuestros hábitos lectores? ¿Algunos de estos límites inquebrantables no podrían ser más bien manías puras y duras? A continuación os dejo una reflexión muy personal.

Cuidar los libros como oro en paño.

Desde mucho antes de que nacieran mis hijos, en mi casa se viene desarrollando una guerra a muerte entre dos facciones bien definidas. Por un lado, está aquella que considera los libros objetos sagrados y venera cada milímetro de sus páginas. Por otro lado, aquella otra en la que los libros se perfilan como objetos profanos, con páginas que emanan vida (o garabatos y restos de plátano, llámese como se quiera). Yo me situaba del lado de los profanos, aunque con el paso de los años ha sido la facción conservadora la que se ha impuesto.

Sin embargo, ¿qué necesidad hay de idolatrar los libros, en tanto que objetos? Especialmente cuando hay niños en casa, ¿no es esto algo que puede crear cierta distancia y cierta frustración con ellos? Pero, ¿quién puede resistirse al horror de ver un garabato o un desgarrón en un bonito libro ilustrado? A mí, desde luego, me cuesta.

No todos los libros valen.

Casi todos los padres tenemos un canon literario: un catálogo de obras más o menos elaborado que podemos prescribir a nuestros hijos sin que nos tiemble el pulso. Esto nos lleva muchas veces a dirigir sus pasos en las librerías y bibliotecas. No queremos que acaben en sus pequeñas manos libros que consideramos indeseables. En mi caso, esto se ha traducido con frecuencia en arduas negociaciones para alejarnos de la sección de Peppa-Pig y sucedáneos. O en negarme a comprar la enésima enciclopedia de dinosaurios (con una decena de ejemplares de este tipo en una casa creo que es más que suficiente).

Esta tendencia es inevitable. Pero tenemos que hacer un esfuerzo por luchar contra ella. Padres del mundo: dejad que vuestros hijos elijan sus propios libros. Da igual que os parezcan el horror en vida. Dejadles. Eso incluye que elijan lecturas que no sean cuentos (cómics, libros de cocina, etc.) o que no tengan valores (enciclopedias de dinosaurios, manuales técnicos) o incluso que se sitúen en el otro extremo de vuestras más firmes creencias. Aunque no lo creáis, muchas veces os van a sorprender.

Los libros no se tiran

Algunas personas tenemos cierta tendencia a hacer limpieza periódica de cacharros, juguetes o ropa para liberar espacio en casa. Pero en cambio somos incapaces de escudriñar las estanterías en busca de futilidades con el mismo celo que el resto de los rincones del hogar. ¿Merece la pena conservar todos los libros que tenemos?

Soy de la opinión de que en las casas en las que abundan los libros, estos deberían revisarse y purgarse de vez en cuando. El tiempo es oro. Pero el espacio también lo es. Plantéate algunas preguntas. ¿Cuánto cuesta el metro cuadrado en tu casa? ¿Cuantos metros cuadrados ocupa esa enciclopedia que regalaban con un periódico y que ya nadie mira porque en Wikipedia se encuentra todo más rápido? ¿Y los libros de cocina que no has abierto ni una sola vez en los últimos diez años? ¿Y esas viejas novelas que no te gustaron nunca y no piensas volver a tocar? ¿Qué pasa con los libros de la universidad?

Sigamos por esta senda. ¿Cuánto tiempo inviertes en limpiar y reordenar estos libros? ¿Cuánto en reordenar el resto de los objetos de la casa para poder hacer encaje de bolillos en el exiguo espacio disponible? ¿Y si liberaras alguna estantería? ¿Cuánto tiempo y cuánta salud mental ganarías? Ahí lo dejo.

Si finalmente decidieras desprenderte de parte de tu colección debes saber algo: muchas bibliotecas públicas aceptan libros. Las enciclopedias, en cambio, son otro cantar. En la era de las telecomunicaciones están malditas y no las quiere nadie.

No sólo de libros vive el niño.

Leer es guay, es fantástico, es maravilloso. Abre tu mente, te hace más listo, más guapo y da buen olor. Pero hay más cositas en esta vida. Y aunque es verdad que la atracción fatal de las pantallas hay que procurar controlarla, también en esto tenemos que aprender a escuchar a nuestros niños. Como en tantas otras cosas, debe primar el ejemplo: no enciendas la tele, ni estés colgado del teléfono si no quieres que tus niños hagan lo propio. Pero quizás si te piden ver Frozen, o jugar a La Oca, o ir al parque, o jugar a peleas, o cualquier otra cosa, la mejor idea no es siempre redirigirles hacia los libros. A no ser que quieras que comiencen a mirar a la biblioteca con aversión.

Y tú, ¿qué límites o qué manías tienes como lector?

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2 Comentarios

  • Reply remorada 14 noviembre, 2018 at 9:06 am

    Hace unos días teníamos una conversación por el estilo con unos amigos, yo sí creo en los límites en la crianza, por seguridad y para aprender a vivir en sociedad! lo que no quiere decir limitar la creatividad, las vocaciones, etc.

    Dicho esto, tengo libros-joya, ediciones bonitas, ilustradas, etc, pero por lo general mis libros son objetos… no me fijo en el ángulo en que los abro cuando los leo (te juro que el Sr. T me dio una explicación sobre esto!), a veces doblo la página para señalar dónde me he quedado o los pongo abiertos boca abajo mientras voy al baño… es más ¡A VECES LOS PINTARRAJEO!

    Siempre vi a mis padres subrayando, comentando y dibujando sobre SUS libros, solo así se volvieron suyos de verdad y no me parece mal. De hecho, volver a esos libros y leerlos (a ellos) es bonito <3

    Y sobre el aprovechamiento del espacio… larga vida al Kindle (aunque no se pueda pintarrajear xD)

    • Reply Paula 14 noviembre, 2018 at 10:30 am

      Yo también he sido siempre de subrayar y pintarrajear y cosas peores (lo de los restos de plátano, por ejemplo, es un caso verídico). Aunque cuando mis libros se juntaron con los de mi compadre en una única biblioteca desistí en pos de la convivencia. Pero ahora te voy a hacer una pregunta maligna Remorada: ¿te parecería bien que una dulce criaturita acribillara uno de esos libros preciosérrimos que nos enseñas de vez en cuando en Instagram? Ahí lo dejo… 😛

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