Mimo con libros

¿Qué es un libro? Muchas preguntas, ninguna respuesta y una recomendación

23 abril, 2018
Libro

Hoy es el día del libro. Se supone que Shakespeare y Cervantes murieron tal día como hoy hace 401 años. Aunque como todo el mundo sabe, esto no es cierto. Cervantes en realidad murió el 22 de abril y Shakespeare el 3 de mayo.

Pero quizás estas confusiones forman también parte de la naturaleza del libro. Cuando hablamos de libros, en realidad nada es lo que parece. Después de todo, ¿qué es un libro? Sí, todos tenemos en nuestra cabeza una imagen de lo que significa este concepto. Y seguramente se nos vengan a la mente de forma inmediata varios títulos que encajan perfectamente en nuestra idea de libro. Algunos estarán ahora mismo esperándonos en nuestra mesilla de noche. En busca del tiempo perdido, Manifiesto Redneck, Biografía del hambre, Lolita. Un montón de páginas impresas y encoladas formando un conjunto más o menos coherente. Pero vamos a pensarlo un poco más despacio.

Un viaje a los orígenes del libro: la Biblioteca de Alejandría

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Unos cuantos siglos antes de que Shakespeare y Cervantes hicieran su entrada en el mundo, existió un templo consagrado al saber escrito cuya leyenda se ha cocinado lentamente en la imaginación de nuestros antepasados: la Biblioteca de Alejandría.  Los rumores hablan de que pudo llegar a albergar setecientos mil ejemplares. Algunos aguafiestas han tendido a rebajar esta cifra notablemente. Pero el mito de la Biblioteca de Alejandría, rescatado como sólo podría haberlo rescatado Borges en su Biblioteca de Babel, nos acompaña todavía.

La Biblioteca de Alejandría no mantenía estrictamente la misma misión de conservación y estudio que asociamos a las bibliotecas hoy. Entre sus funciones se contaba la de copiar las obras recopiladas. Pero también la de saquear los barcos que atracaban en el puerto de Alejandría con el objetivo de confiscar los manuscritos que llegaban en ellos.

Pero, ¿qué contenía realmente la Biblioteca de Alejandría? Los objetos físicos que descansaban en su interior en realidad poco tenían que ver con los libros que nos esperan ansiosos en las estanterías de nuestras casas. Para empezar, el formato no era el de códice con el que estamos familiarizados. Una obra se desarrollaba a lo largo de varios rollos de papiro. Sobre este material se escribía empleando letras capitales con tinta y cálamo.

Tenemos que pensar, entonces, que algunos trabajos que hoy asociamos enteramente con la idea de ese libro cerrado, encuadernado e impreso en papel, como por ejemplo La República de Platón o Ética a Nicómaco de Aristóteles, hubo un tiempo cuyo contenido se encontraba en realidad desplegado en rollos.

¿Qué es un libro?

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Vamos a retomar entonces la pregunta que os hacía más arriba. ¿Qué es un libro? ¿La República de Platón solo es un libro ahora que lo conocemos en su formato de códice? ¿Qué era cuando tenía forma de rollo? ¿Seguirá siendo un libro si lo leemos en nuestros ebooks? ¿Y si usamos otros dispositivos electrónicos? ¿Y si lo leemos en uno de estos dispositivos, pero en fascículos, a través de un blog cualquiera dentro de ese maremágnum que es internet? ¿Perderá entonces su condición de libro?

¿Qué es un libro según la RAE? Veamos las dos primeras acepciones.

  1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.
  2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte.

Según la primera definición, La República de Platón solo sería un libro en algunos casos. Concretamente cuando nos referimos a ese volumen impreso por Espasa, Akal o Alianza, traducido del griego de aquella manera, a partir de versiones recopiladas a saber cómo, cuajado de polvo, que algunos individuos extravagantes esconden en la sección de filosofía de sus bibliotecas particulares.

Pero esta definición deja fuera al rollo de papiro, el formato original de La República. Y también margina a todas las Repúblicas en formato electrónico. No es seguramente la definición que andamos buscando.

La segunda definición es tan ambigua y genérica que sin duda puede incluir todos los formatos distintos en los que se ha desarrollado La República. Pero al mismo tiempo, esa inconcreción deja la puerta abierta a otras muchas manifestaciones. ¿Por qué entonces no es un libro Ben-Hur, o Casablanca? Y sí, parece obvio pero… ¿lo es?¿Es obvio? ¿No es Casablanca una obra de otra índole distinta a la literaria, con extensión suficiente para formar un volumen, que aparece en otro soporte diferente al impreso?

No hablemos de libros, hablemos de historias

Una de dos. O la definición de libro de la RAE está mal (cosa bastante probable). O no hemos reflexionado lo suficiente acerca de lo que es en realidad un libro (también bastante probable).

Como siempre, no tengo respuestas. Pero sí algunas ideas y otras tantas preguntas. Pienso, por ejemplo, que, en realidad, lo importante aquí no es el formato. Ni el género, ni el idioma, ni la forma de transmisión. Lo importante aquí es la vocación de los seres humanos de narrar, de contar, de expresar y de dejar constancia de todo este proceso. Y, como contrapartida, la voluntad de escuchar, de acoger y de recibir todas esas historias que forman parte de nuestra tradición.

Pienso que quizás estamos perdiendo de vista que, al final, la narración y las fórmulas narrativas, sus distintos lenguajes y sus técnicas, se han transformado al mismo tiempo que se ha desarrollado la tecnología. Y  que esta ha dado forma a nuevas técnicas y a nuevos soportes para acoger estas historias. El debate no es nuevo. ¿Cuáles son las fronteras entre una disciplina y otra, entre un arte y otro, entre escultura, pintura, fotografía, cine, literatura, historia o biología? ¿Es tan importante seguir manteniendo estas circunscripciones? ¿Es tan importante dictaminar si algo es literario o no lo es? ¿Si es artístico o no lo es? ¿Un libro mudo no es literario pero sí es un libro?

Más que libros en la animación a la lectura

¿Son ridículas estas preguntas en el contexto de la animación a la lectura? Puede que sí. Pero aquí va un último apunte para padres y profesores. Un apunte que me hago yo también a mí misma porque me doy cuenta de que mis opiniones al respecto vienen y van. ¿Por qué de pronto nos dan estos ataques de esnobismo y nos creemos que la lectura es la fórmula de transmisión narrativa culturalmente más válida? ¿Es realmente más deseable que nuestros hijos lean un libro tonto como El gran concurso de la caca a que vean una película como Viaje a la luna o Indiana Jones o Ratatouille?

Ahí lo dejo.

Termino recomendando una lectura en tono humorístico para iniciar a los niños también en este debate: ¿Para qué sirve un libro? de Chloé Legeay, editado por BiraBiro.

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