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Esta Navidad regala autoras: dos clásicos de LIJ

26 diciembre, 2017

La iniciativa «Esta Navidad regala autoras», lanzada desde el blog Escribir Ciencia Ficción por María del Mar González Gómez, está teniendo un gran éxito en internet. Yo quiero aprovecharla para recuperar a dos autoras clásicas. A pesar de su genialidad, estas dos escritoras han sufrido peor los avatares del olvido que los dos carismáticos personajes a los que dieron vida. Ambos forman parte ya de nuestro imaginario cultural. Aunque lo hacen también gracias en parte a sus réplicas cinematográficas y televisivas. Me refiero por supuesto a Astrid Lindgren y a P.L. Travers, madres respectivamente de Pippi Calzaslargas y Mary Poppins. Recientemente además han aparecido en España dos ediciones bellísimas que recogen todas las aventuras de estos dos mágicos y rebeldes personajes.

A principios de este año, con motivo del lanzamiento del libro Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes, se hizo viral un vídeo muy simbólico en el que una madre y su hija iban a una biblioteca pública. De las estanterías de infantil retiraban todos los libros en los que no hubiera personajes femeninos o en los que los personajes femeninos fueran pasivos o princesas. El resultado era descorazonador. Juzgad vosotros mismos.

En la educación de los niños y las niñas hay quizás una cuestión más crucial que todas las demás a la hora de inculcar en ellos valores feministas: poner a su disposición referencias culturales numerosas, consistentes y diversas con las que puedan identificarse de manera independiente a cómo lo hacen los demás. Esto es mucho más importante que practicar el didactismo con ellos.

El didactismo es algo que se impone de forma ajena al hecho literario en sí. Por eso muchas veces entra en los libros de manera forzada, quebrando el marco narrativo y retórico. En los casos en los que el exceso de pedagogía es evidente, el efecto en los niños puede ser contraproducente. Es mucho más eficaz que la cultura sea capaz de generar nuevos topos literarios y que los normalice para que puedan servir de referencia a un espectro amplio y variado de niños y niñas.

¿Estamos ya en ese camino? Creo que sí, aunque aún tenemos un trecho largo por delante.

De todas formas, no es cierto que en nuestra infancia no existieran libros en los que los personajes femeninos no fueran interesantes. Uno de los personajes que recuerdo con mayor cariño de mis primeras lecturas fue la Matilda de Roald Dahl. Matilda podía ser muchas cosas. Pero ninguna de ellas era anodina.

Pero no sólo eso. Algunos de los personajes femeninos más interesantes de la literatura infantil del siglo XX fueron creados por mujeres. No vamos a engañarnos. Al igual que ocurre con otros géneros literarios, las autoras han estado invisibilizadas en la literatura infantil. Las mujeres han tenido muchos problemas para publicar sus escritos. Incluso aunque estos estuvieran dirigidos a aquellos seres que muchas mentes trasnochadas han entendido como el objeto natural de los afectos femeninos: los niños. Nunca ha sido fácil la escritura para nosotras. Y menos fácil aún ha sido obtener el reconocimiento oportuno.

Pero no solo es importante que los personajes femeninos de los libros infantiles tengan un poco de chicha. También es primordial que se incluya la voz de las mujeres escritoras en los catálogos de literatura infantil. Aunque es justo decir que su presencia es cada vez mayor en este ámbito. Quizás podríamos hablar ya incluso de cierta paridad en este género literario.

Con la esperanza de que no alarme a la Oficina de Protección del Menor.

Esta Navidad regala autoras

Según comentó varias veces Astrid Lindgren (por ejemplo en esta entrevista con Isabel Carbajal publicada en CLIJ), tuvo muchos problemas para que le publicaran la historia de Pippi. Ella misma tenía cierto temor a que su obra pudiera ser considerada inapropiada o subversiva. Por ello acompañaba su manuscrito con una carta en la que apostillaba «con la esperanza de que no alarme a la Oficina de Protección del Menor». Y sus temores tenían fundamento. Más de setenta años después de la publicación en Suecia de las aventuras de esta niña pelirroja de nombre tan largo como sus medias, el personaje sigue resultando absolutamente revolucionario y escandaloso.

Recordemos que Pippi era una niña que vivía sola con un caballo y un mono en una casa pintoresca. Vestía de forma estrafalaria. Calzaba «unos zapatos negros que eran exactamente el doble de grandes que sus pies», medias de distintos colores y un vestido amarillo demasiado corto que ella misma había confeccionado. Tenía un pelo imposible del color de las zanahorias. Y lo peor de todo: hacía exactamente lo que le daba la gana. Además era fuerte como nadie hasta el punto de que podía levantar un caballo.

Profundamente incorrecta, casi toda la forma de actuar de Pippi resulta inaudita. Nada en ella tiene sentido. Es puro paroxismo. El absurdo elevado a la décima potencia. ¿Es posible criar un espíritu completamente libre? ¿Cómo sería una niña que ha crecido sin la coacción represiva de ninguna autoridad? ¿Se puede sobrevivir sin el influjo capcioso de esa madeja enrevesada de normas culturales y sociales que nos circundan y que moldean nuestra naturaleza? Esta niña sueca inverosímil es la viva imagen de la exaltación de la libertad.

Pippi no es Tom o por qué el género importa

 

Dice Ellen Duthie en la edición tan maravillosa en la que la editorial Blackie Books ha recopilado todas las historias de Pippi, que «su género es tan secundario como el color del pelo que pueda tener». Duthie se justifica diciendo que Pippi es un personaje tan interesante, que niños y niñas pueden reflejarse en él sin ningún problema. Y aunque esta última parte sí es cierta, eso no quiere decir que su género no sea importante. Como diría la teórica Judith Butler, gender matters. Es crucial que, para variar, sea un personaje femenino aquel con el que pueden identificarse indiferentemente tanto niños como niñas. Igual que fue fundamental también que Pippi fuera un referente para las niñas pelirrojas.

Estas cosas son importantes. Si hubiera sido un niño y en vez de Pippi se hubiera llamado Tom Sawyer, y hubiera crecido cerca del Mississippi en lugar de en medio de Suecia, estaríamos hablando de otra historia.

No todo pasa con un poco de azúcar.

Esta Navidad regala autoras

Seguramente P.L. Travers debió pensar que Walt Disney utilizó bastante más azúcar de la necesaria para hacer que la audiencia tragara su píldora de la felicidad. Según las semblanzas que se han hecho de esta escritora, a Travers no debió gustarle nada la versión cinematográfica que tanta fama dio a su más querido personaje. La disputa con el gran magnate de Hollywod quedó reflejada en una película del año 2013 titulada Al encuentro de Mr. Banks.

Es curioso darse cuenta de la imagen maniquea que ha trascendido de la autora que dio vida a la entrañable niñera mágica. Cínica, desalmada, huraña y amargada son algunos de los conceptos que configuran la mayoría de los escritos que se hacen eco de su biografía. Nos encontramos ante una personalidad tóxica. O así nos quieren hacer pensar. Nadie parece perdonarle el hecho de que adoptara a un niño y lo separara de su hermano gemelo.

Esta cuestión, unida a su carácter antipático, a sus enfrentamientos con hombres poderosos, a su mala relación con la familia de su hijo adoptivo y, por supuesto, a su aparente lesbianismo, la han convertido en una autora maldita e indeseable, retratada sistemáticamente como déspota y egoísta. La viva imagen de una mala mujer y de una mala madre. Quizás está de más recordar que hay que andarse con mil ojos con las historias demasiado estereotipadas. Estos estereotipos con frecuencia esconden más prejuicios que otra cosa. Pero tampoco está demás dejarlo apuntado aquí.

Mary Poppins vista por Julia Sardá: la edición más bonita.

Julia Sardá

Esta edición publicada por el Círculo de Lectores en el año 2013 es tan hermosa que quita el hipo. Ilustrado magistralmente por Julia Sardá, este nuevo marco en el que se desarrollan las aventuras de la ya vieja Mary Poppins es un antídoto estupendo contra la nostalgia. Y también una reivindicación audaz de la fuerza y el carisma que pueden tener los protagonistas femeninos más allá del romance y el sentimentalismo.

Este libro solo tiene una pega: es muy difícil de encontrar. Así que si alguna vez está a vuestro alcance, no dejéis pasar la oportunidad.

¿Conocíais estos dos clásicos? ¿Y a las autoras?

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4 Comentarios

  • Reply remorada 28 diciembre, 2017 at 12:04 pm

    Me ha encantado el artículo, tanto como las ilustraciones preciosas de Júlia Sardà.

    • Reply Paula 1 enero, 2018 at 11:57 pm

      Es que esa mujer es una maga. De mis favoritas.

  • Reply Bego 30 diciembre, 2017 at 9:39 pm

    ¿te puedes creer que nunca he leído pipi? la conozco sólo por la tele. voy a ponerle remedio YA.

    • Reply Paula 1 enero, 2018 at 11:55 pm

      Es genial. De verdad. Para niños y adultos.

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