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La casa de los ratones: esta Navidad regala libros

12 diciembre, 2017
La casa de los ratones de Karina Schaapman

No sé si os habéis dado cuenta de que el mundo se ha llenado de pronto de abetos artificiales y turrones de Jijona. Además en los últimos días está teniendo lugar una intensa y sospechosa actividad relacionada con el intercambio de billetes de lotería. Pero por si no os habíais percatado de todo esto, aquí vengo yo para abriros los ojos. ¡La Navidad está a la vuelta de la esquina! Quiero contribuir al espíritu navideño con una serie de entradas con recomendaciones literarias. Con ellas me gustaría daros algún apoyo para reconducir el despropósito de juguetes que van a recibir nuestros niños durante estos días. Y para empezar voy a recuperar un libro maravilloso que ya ha aparecido en este blog: La casa de los ratones.

La casa de los ratones volumen I

Para alegría de todos los habitantes de mi hogar, la editorial Blackie Books ha publicado el tercer volumen de La casa de los ratones. Sam y Julia van a la feria. Esa es la razón de que, aun a riesgo de parecer pesada, vuelva hoy a hablaros de estos libros a los que tengo tanto cariño.

La casa de los ratones es una colección que reúne las aventuras de los ratoncitos Sam y Julia. Sus historias tienen lugar en la fascinante casa de muñecas creada por la artista Karina Schaapman a partir de la superposición de muchas cajas. Schaapman tardó años en completar la obra que sirve de escenario a los distintos relatos que va narrando con tanta habilidad y detalle. Actualmente, la casa se conserva en la Biblioteca Pública de Ámsterdam y puede visitarse. 

La casa de los ratones por dentro

De La Fontaine a Schaapman

Puede parecer una exageración decir que Jean de La Fontaine y Karina Schaapman están unidos por un fino hilo que se desliza y se enreda en la literatura de los tres últimos siglos. Pero así es. Si La Fontaine puede ser considerado el padre de la fábula moderna, Schaapman es su penúltima representante. Sin embargo, aunque el legado de La Fontaine es evidente, este autor es hoy ya poco más que un ancestro remoto de nuestra artista.

La casa de los ratones

En cambio, no cabe duda de que Schaapman es hija de la escuela fabulística que inauguró Beatrix Potter. Sería difícil entender la narración infantil contemporánea sin las aportaciones que hiciera Miss Potter hace ya más de un siglo. La predilección de los autores infantiles hacia los animales humanizados y las historias de tipo costumbrista que se alejan ya de las pretensiones excesivamente moralizantes de las fábulas tradicionales, será una constante en la literatura infantil hasta nuestros días. Del Peter Rabbit de Potter, al Osito de Minarik y Sendak, pasando por los Sapo y Sepo de Lobel, el Tigre y el Oso de Janosch, y tantísimos otros clásicos y no tan clásicos con los que aún se alimenta diariamente la imaginación de los niños.

La casa de los ratones es un noble representante de esta escuela. Los protagonistas de esta historia son ratones, como no, cuyas aventuras tienen un tono marcadamente familiar. Se narran historias corrientes de la vida cotidiana. Las trastadas de sus dos jóvenes protagonistas son algo más inocentes que las que protagonizó en su día el famoso héroe-conejo alumbrado por Potter. Aunque la riqueza cultural que alberga esta espectacular casa de ratones es una peculiaridad dentro de la literatura infantil. En ella conviven en armonía animales de todas las etnias y religiones.

La casa de los ratones

Entre la fotografía y el diorama

Pero si hay algo verdaderamente original en este libro es la técnica utilizada por la autora para ilustrar sus historias. A medio camino entre la fotografía y el diorama, dos elecciones inusuales y muy espectaculares en el álbum ilustrado, el libro está compuesto por una sucesión de fotografías en las que aparecen representados en distintas situaciones los dos ratoncitos protagonistas y todas sus comparsas. Las posibilidades escenográficas del diorama adquieren aquí su expresión máxima. El exquisito cuidado de todos los detalles que ambientan cada uno de los rincones de la casa. La animación de los personajes. La profundidad y la perspectiva que imprimen las fotografías… Todo ello contribuye a la consolidación de una obra marcada por la teatralidad y la expresión de la acción cotidiana. Esta técnica enfatiza la familiaridad con la que el lector recibe estas historias puramente costumbristas.

La casa de los ratones

Desde el punto de vista del goce estético, toda la serie de La casa de los ratones constituye una auténtica delicia. El placer que supone dedicarle un buen rato a la observación minuciosa de todas las miniaturas retratadas es extraordinario. Esta obra de arte se ha construido a base de paciencia, delicadeza y mucho mimo.

La casa de los ratones. Sam y Julia van a la Feria.

La casa de los ratones

En el tercer volumen de La casa de los ratones, recién salido de los hornos humeantes de la potentísima Blackie Books, el lector no encontrará grandes sorpresas. Ni falta que hace. Los yonkis de Karina Schaapman sabemos exactamente lo que queremos. Preciosismo. Minuciosidad. Detallismo. Perdernos en los laberintos de esa casa imposible y mágica. Saber más de aquel trapero. Y, desde luego, a Sam y a Julia.

Por supuesto, como anuncia el título, Sam y Julia en esta ocasión se van a la feria. Visitan la caseta de tiro al blanco. Se ponen hasta arriba de dulces. Se suben en la montaña rusa, en el tiovivo, en el tren fantasma… Como siempre, Schaapman no defrauda tampoco en este libro ofreciéndonos su particular visión pluri-racial. Para ello, esta vez nos traslada al interior de un restaurante chino. En este volumen conoceremos también la librería en la que alimentan los ratoncitos sus fantasías.

La casa de los ratones

No sé qué pensáis vosotros, pero yo creo que los Reyes se iban a lucir de lo lindo con un ejemplar de esta genial casa de ratones, ¿no os parece?

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