Lecturas para no tan niños

La vegetariana: un libro de Han Kang

3 noviembre, 2017
La vegetariana de Han Kang

Ya sabéis que este blog sigue aquella premisa promulgada por el plan de fomento de la lectura de «si tú lees, ellos leen». Por eso me gusta recomendaros de vez en cuando alguna lectura «para no tan niños». Mi sugerencia para hoy es La vegetariana, de Han Kang.

Mi vegetariana

Leí La vegetariana este verano, sentada en un jardín enmarañado, a la sombra de unos pinos. No eran secuoyas, ni alcornoques, ni cerezos los que me daban cobijo del sol. Tampoco eran zelkovas, lo que habría sido seguramente muy apropiado. Eran sólo pinos que gruñían por la noche. Su sonido se colaba por la ventana junto con el aire de la montaña y el canto de los grillos.

La lectura no solo consiste en poner orden a unas letras. No se trata sólo de ir pasando páginas lentamente mientras el resto del mundo se queda en blanco. Nuestros criterios para elegir un libro cambian en función del lugar en el que vayamos a leerlo. No es lo mismo leer en una biblioteca, en una avión, en un café, en el metro o en la playa. Porque el libro funciona en simbiosis con el entorno. De nuestra lectura forman parte los distintos elementos que nos acompañan mientras leemos. Mi lectura de La vegetariana está marcada por el olor del café que se estaba preparando en la cocina, por la luz del sol reflejada en la hierba, por el viento fresco que se colaba de madrugada, por el frío suelo de barro, por los sonidos tenebrosos de un campo en mitad de la nada.

Los pinos y la nada forman parte para mí de eso a lo que yo llamo La vegetariana. Un libro extraño, coreano, oscuro, que ha ganado el Premio Man Booker International. Además ha sido todo un éxito entre los lectores de mi generación. En España lo publica una editorial independiente de nombre misterioso y ambiguo: :Rata_.

Mujeres silenciadas y heterodoxas.

Hay un tópico que acompaña a las críticas de ciertos libros transcendentales. Según éste, no sería posible revelar siquiera concisamente el argumento sin estropear la experiencia lectora. No sé qué pensar sobre esto. Aunque mi tendencia natural es la de revelarme contra esta idea, no puedo evitar tener ciertos reparos a la hora de desvelar detalles de un libro como el de Kang. Pero creo que podría aventurarme a mencionar algunos datos sin incurrir en ninguna falta grave.

Para empezar, La vegetariana es claramente la novela de una autora. No es que los problemas que enuncia sean típicamente femeninos (de hecho, no lo son), sino que son expresados de forma lúcida y honesta a través de la sensibilidad de una mujer. No se trata de «literatura femenina». Pero las coordenadas de las que parte el libro sólo tienen sentido pleno si comprendemos que han sido esbozadas por una mujer, afectada por los problemas propios de las mujeres en las sociedades industriales.

También es importante destacar la elección narrativa de la autora. Esta novela a tres voces traza la historia de una cuarta persona, Yeonghye, la protagonista. Yeonghye no tiene apenas voz propia en el libro, salvo en algunos breves pasajes. Esto enfatiza el sentido incomprensible que tiene para todos la decisión que toma: hacerse vegetariana.

Por cierto que uno de los temas básicos que aborda el libro es precisamente lo difícil que puede llegar a resultar aceptar dentro de nuestra cotidianeidad las decisiones heterodoxas. Esa heterodoxia es capaz de despertar reacciones violentas e irracionales, que están motivadas únicamente por la necesidad de integrar nuevamente lo extraño, lo que se sale de la norma, dentro de un todo normalizado. 

La vegetariana: entre la flora y la fauna

Hay otros asuntos importantes en esta obra. Algunos enlazan con una tradición literaria bien asentada al abordar la distinción entre locura y normalidad. La clásica ambigüedad entre locos y cuerdos hilvana todo el relato. También hay una crítica evidente hacia la violencia, presente hasta en las más pequeñas manifestaciones de la vida humana.

Pero quizás la cuestión central del libro, aquella que aglutina a todas las demás, sea la de la conexión del ser humano con la naturaleza. Han Kang no se limita a apelar al lado animal del ser humano, que es donde suelen quedarse la mayoría de las reflexiones. Lo que hace más bien es rechazar esta animalidad. En la dicotomía entre flora y fauna, se decanta pues por la primera. Esta exploración del ser humano en tanto que ser natural, en tanto que ser viviente, con raíces en la tierra igual que los árboles, dependiente de los recursos y la generosidad del planeta, adquiere todo su interés en el momento en el que comprendemos que esta vuelta a los orígenes, a lo básico, es precisamente lo único que nos puede permitir transcender.

Cuando terminé de leer La vegetariana no tenía especiales deseos de abandonar el consumo de carne, como había temido. En cambio me embriagó una sensación con la que no contaba: quería caminar descalza por el barro, quizás por siempre, y sentir la porosidad del suelo terroso, y dejar que las raíces de los árboles se enroscaran libremente en mis tobillos.

También puede interesarte

4 Comentarios

  • Reply Bego 7 noviembre, 2017 at 9:00 am

    Marialu también habló de este libro en su blog. Tomo nota de tu recomendación también.
    Y estoy muy de acuerdo contigo en que cada libro tiene un momento y un lugar, la simbiosis de la que hablas. Llevo años diciéndolo y a veces la gente me mira como que no entiende así que me alegro de leer que coincidimos en esto 🙂

    • Reply Paula 9 noviembre, 2017 at 10:27 pm

      Jajaja, es que es así. A mí por ejemplo me cuesta muchísimo leer ensayo fuera de una mesa de estudio o de una biblioteca.

  • Reply remorada 15 noviembre, 2017 at 1:16 pm

    he escuchado varias referencias, Mlu, Ro… y mi prima, a quien le encantó! y por lo que veo el vegetarianismo es solo una excusa para esta mujer que busca su identidad y se contrasta con lo que perciben, interpretan y nos muestran los otros. me llama la atención, pero como bien dices, todo tiene su momento y este no es el mío.

    • Reply Paula 20 noviembre, 2017 at 10:50 pm

      Pues nada, lo bueno de los libros es que hay tantos como peces en el mar… Es mejor no perder el tiempo con uno para el que no nos ha llegado el momento.

    Deja un comentario