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Especial Halloween: la historia detrás de Jack O’Lantern

31 octubre, 2017
Jack O'Lantern

Todo el mundo recuerda la historia de Jack O’Lantern. Pero muy pocos conocen sus detalles más escabrosos. Y aunque casi todos apuntan a Jack como el responsable de la desaparición del bueno de Hefferman, nadie hasta hoy había escuchado su trágica historia.


El viejo Hefferman: la historia detrás de la leyenda de Jack O’Lantern

De la casa del viejo Hefferman partía un sendero que se empecinaba en torcer hacia la derecha justo antes de llegar al río. Luego doblaba hacia la izquierda, luego un poquito, poquito recto, y luego otra vez a la izquierda. Daba entonces una vuelta sobre sí mismo, giraba hacia arriba, luego hacia abajo, se paraba a los pies de un manzano, y finalmente se perdía para siempre en el interior de un robledal.

Lo que nadie sabía, ni siquiera el viejo Hefferman, que era el hombre más astuto de la montaña, era que aquella senda conducía directamente al lugar más misterioso de todos los lugares misteriosos de este misterioso mundo. Sólo unos pocos habían conseguido llegar hasta allí. Pero sólo uno había logrado salir. Y ese era Jack O’Lantern.

Todos los años, después de la noche de Halloween, Jack se colaba en el jardín del viejo Hefferman, que además de ser el hombre más astuto de la montaña era también el más sordo. Desde ahí emprendía el camino que conducía al lugar más misterioso de todos los lugares misteriosos de este misterioso mundo. Jack arrastraba consigo el candil vegetal que él mismo había tallado. Cuando el sol empezaba a asomar, apagaba la llama y abandonaba los restos del farol entre los robles. A oscuras, se adentraba en el bosque, donde permanecía hasta que las brujas lo volvían a convocar, un año después.

Jack O’Lantern siempre había dejado allí aquellos vegetales que le habían servido de guía para alumbrar sus noches de pesadilla. Así que en el lugar más misterioso de todos los lugares misteriosos se alzaba un cementerio de hortalizas. Primero fueron los nabos. Labró cientos y cientos de nabos, hasta que ya no quedó ninguno para cocinar sopa. Probó después con las coles, pero la terquedad de esta herbácea le sacaba de sus casillas. Luego llegaron las zanahorias, los pepinos, la yuca… Recordaba con especial cariño aquella fase en la que había coqueteado con las sandías, tan dulces, tan desvergonzadas. Hasta que finalmente aparecieron las calabazas, llenas de verrugas, resistentes, afectuosas y despiadadas.

Todos estos vegetales se acumulaban en ese lugar misterioso sin orden ni concierto. Los tubérculos, las cucurbitáceas, las solanáceas y todas las demás hortalizas estaban condenadas a convivir en lo más profundo de ese bosque de robles.

Pero una noche de brujas Jack se olvidó apagar la llama de su farol. Cuando se marchó, la pequeña calabaza había rodado hasta los pies de un gran árbol y sonreía tímidamente. Su sonrisa no era resacosa y sedienta como la de las verduras en putrefacción, consumidas por los gusanos durante siglos: era una sonrisa fresca y radiante, dispuesta a comerse el mundo.

Y eso fue precisamente lo que hizo. Lo que hicieron. Rápidamente la lumbre fue extendiéndose de hortaliza en hortaliza, de fruto en fruto. Algunos nabos apenas podían sostenerse en pie, pero cuando notaron el calorcito volvieron a la vida. En silencio, todos y cada uno de ellos fueron saliendo del lugar más misterioso de todos los lugares misteriosos de este misterioso mundo. Dejaron atrás el manzano, marcharon hacia arriba, luego hacia abajo y giraron sobre sí mismos. Torcieron a la derecha, luego recto, luego a la derecha y finalmente hacia la izquierda, dejando atrás el río. Llegaron al jardín del viejo Hefferman y encontraron al anciano sentado en un sillón, silencioso, mirando hacia el sendero. Todos los vegetales lo rodearon con su sonrisa en llamas.

Y Hefferman, el hombre más astuto y más sordo de la montaña, resultó ser también el hombre más sabroso.


 

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2 Comentarios

  • Reply remorada 15 noviembre, 2017 at 1:12 pm

    spooky!

    • Reply Paula 20 noviembre, 2017 at 10:50 pm

      🙂 🙂

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