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Tres libros de elefantes: iconos literarios

23 octubre, 2017
Cuentos con elefante

«Grande, enorme, barrigudo, con una voz capaz de asustar a los menos timoratos y una trompa como no la tiene ningún otro animal de la creación, el elefante nunca podría ser producto de una imaginación, por muy fértil y propensa al riesgo que fuese. El elefante, simplemente, o existía o no existía».

José Saramago, El viaje del elefante.

Los elefantes son animales impresionantes. No sólo son los animales terrestres más grandes que existen actualmente, sino que además su fisionomía es tan peculiar que, como bien escribía Saramago, ni siquiera la imaginación más fértil podría haberlos alumbrado. Además su personalidad es extraordinaria. Fuertes, con una inteligencia que aún tiene asombrados a los expertos, torpes a veces, pueden alcanzar los 40 kilómetros por hora y defenderse con fiereza de sus enemigos. Amables y pacíficos con sus semejantes, son capaces de construir estructuras sociales complejas en las que se atiende y cuida a las crías, a los enfermos y a los moribundos.

No resulta extraño que formen parte de la cosmogonía y del panteón de aquellas culturas que se han desarrollado cerca de estos paquidermos. Un mito hindú recogía la imagen de un mundo en forma de disco sostenido por uno o varios elefantes, que a su vez se apoyaban sobre el caparazón de una tortuga gigante, que nadaba en un océano de leche. Por cierto, no puedo dejar de pensar en este mito cuando leemos ¿A qué sabe la luna? de Michael Grejniek (Kalandraka).

En el panteón hindú una de las divinidades más importantes es Ganesha. Es un dios con cuerpo de hombre y cabeza de elefante, hijo del dios Shiva y la diosa Parvati, que simboliza la sabiduría y el conocimiento. Ganesha es también patrón de las artes y las ciencias. Además se le reconoce el poder de quitar los obstáculos que aparecen en nuestro camino.

El elefante simboliza la fortaleza física y espiritual. Es sabiduría e inteligencia. También se asocia a lo prodigioso, lo salvaje y lo majestuoso. Así caracterizó por ejemplo Rudyard Kipling al elefante Hathi en El libro de la selva, todo un clásico de la literatura juvenil.

A continuación van mis tres recomendaciones elefantinas, que incluyen dos elefantes que se han convertido en auténticos iconos de la literatura infantil contemporánea.

Babar

El elefante Babar

Babar no tiene nada de lo que presumen la mayoría de las historias que leemos a nuestros hijos en el siglo XXI. Para empezar, carece de ese tono edulcorado del que adolecen tantos cuentos de nuestro día a día. De hecho, la historia de Babar arranca con un episodio crudo y brutal que enmarca el resto del relato.

Los valores caducos que desprende esta historia nada tienen que ver con los valores que imperan en nuestras lecturas modernas. El tono imperialista, anti-ecologista y patriarcal es insoslayable. Sin embargo hay que entender a Babar en su tiempo, en la Francia convulsa de la década de los treinta del siglo XX, en el seno de una familia de artistas de la burguesía, en un momento de gran trascendencia vital para dicha familia (Jean de Brunhoff, el padre y creador del mítico personaje, acababa de ser diagnosticado de tuberculosis).

Babar fue un precursor en muchos sentidos. A Brunhoff le debemos una de las primeras concepciones modernas del libro infantil ilustrado, como bien señala Maurice Sendak en el prólogo a la edición reciente editada por Blackie Books. Los libros de Babar fueron ideados para el goce y el disfrute de los más pequeños: las aventuras sencillas y al mismo tiempo emocionantes (y con un toque un poco perturbador), la candidez de sus lecciones vitales, las ilustraciones absolutamente maravillosas, la tipografía pensada para hacerla perfectamente inteligible a los primeros lectores…

Todo ello convierte a Babar y a sus historias en narraciones infantiles de pleno derecho, aunque sus valores estén en decadencia. No es posible entender la historia la literatura infantil sin la ingenuidad de las historias de Babar, sin las innovaciones en la estética y en el lenguaje compositivo del libro ilustrado que Brunhoff introduce.

Un día con Elmer

Cuento de elefante de colores

En un artículo magistral publicado en la Revista Dossier, Santiago Gerchunoff aborda el paréntesis que media entre los dos elefantes más famosos de la literatura infantil: Babar y Elmer. Este periodo estaría presidido por el deslizamiento del liberalismo desde el republicanismo de Babar, hasta el individualismo del que se hace eco Elmer.

Elmer vive una vida sin conflictos. Todos los animales habitan en una selva fantástica, en idílica armonía. No hay tensiones, ni ansiedades, ni zozobra. Se impone la idea de que basta con la autenticidad y la creencia en uno mismo para salir adelante. Elmer representa el espíritu del hombre emprendedor hecho a sí mismo, genuino, libre. Pero, ¿cuán sencillo es ser libre y feliz allí donde se ha obviado el conflicto social?

Esta lectura dialógica de Babar y Elmer me ha parecido reveladora. Plantea una cuestión que está a la orden del día en los debates educativos. ¿Es conveniente enseñar a los niños desde temprano que «la vida es un valle de lágrimas»? ¿O es preferible aislarlos de los problemas, dejar que crezcan felices y despreocupados?

No tengo la respuesta, aunque supongo que lo más adecuado será tratar de alcanzar un equilibrio entre ambos modelos. Lo que sí tengo claro es que el paradigma social que impulsa Mr. Wonderful y que bien podría encarnar Elmer, presenta problemas. Las historias de éxito, los happy-end, las figuras triunfadoras, son en realidad elementos narrativos que silencian y esconden las desigualdades sociales, las injusticias o la marginación.

Dicho lo cual, Elmer es un elefante encantador. Vital, alegre, simpático. El lenguaje escogido por David McKee es claro, sencillo y efectivo para interpelar al público infantil. Los valores que desprenden sus historias no generan problemas: lo diferente es algo precioso que conviene cuidar y conservar. Elmer es una apuesta segura.

Felipe tiene gripe

El elefante Felipe

Felipe es un elefante acatarrado que cada vez que estornuda hace que el mundo tiemble. Pero además, Felipe resulta ser un elefante cabezón como ningún otro: no quiere atender los buenos consejos de su abuela Josefina, que le exhorta a tomar una medicina, y en cambio se hace eco de las majaderías que le recomienda una caterva de impostores y charlatanes, que lo único que consiguen es que se ponga cada vez peor.

El elefante Felipe no ha dado pie de momento a grandes debates existenciales como sus dos compañeros. Pero aunque Felipe no es un paquidermo de la envergadura de los anteriores, su historia resulta muy eficaz. Su punto fuerte, además de sus preciosas ilustraciones, es su narración en verso.

Los cuentos en verso son mi  perdición. Me encantan. No hace falta que sean muy sofisticados para que me atrapen. Y me doy cuenta de que a los niños les pasa exactamente igual. La rima es un elemento que los autores infantiles deberían explotar mucho más porque sin duda funciona de maravilla.

¿Conocíais estos libros? ¿Tenéis algún otro cuento de elefantes en casa?

 

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6 Comentarios

  • Reply Irene MoRe 24 octubre, 2017 at 5:01 am

    Elmer lo tenemos. A Babar le tenía ganas, aunque después de leerte quizá lo dejemos.para más adelante. A Felipe no le conocía, pero se ha convertido en mi preferido. Ya sabes que los cuentos en verso también nos gustan mucho por aquí.
    Besazos.

    • Reply Paula 1 noviembre, 2017 at 10:39 am

      ¡¡¡Noooo!!! ¡¡No lo dejes!! A Jorge le gusta muchísimo, le hace hacerse preguntas, cuestionarse un poco su mundo y encima engancha el libro entero, que es bien largo, así que nos podemos tirar una hora leyéndole…

  • Reply remorada 24 octubre, 2017 at 2:18 pm

    y dumbo? jiji

    elmer no me entusiasma, pero a los niños pequeñitos les fascina!

    • Reply Paula 1 noviembre, 2017 at 10:37 am

      Elmer es un libro mega genial para bebés, la verdad. Engancha un montón. Pero es verdad que tiene un toque hipster que no puede con él…

  • Reply Bego 24 octubre, 2017 at 9:38 pm

    dumbo, qué tristeza, me quedé yo muy traumatizada con dumbo de pequeña…
    nosotros tenemos a elmer, somos de happy endings si puede ser 🙂 ahora bien, a ese felipe también le daríamos casa.

    • Reply Paula 1 noviembre, 2017 at 10:36 am

      Felipe es muy entrañable. ¡¡¡Pero Babar mola mucho!!! Aunque sea un poco anacrónico… A mí de Dumbo me daba cosa la parte esa en la que se emborracha y ve cosas raras.

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