Mis historias y otros cuentos

Leer a un bebé de un año: Olivia y los cuentos

20 octubre, 2017

Olivia también lee. Con devoción, con fruición. Con un interés que no parece posible en un bebé de un año y medio. Ha descubierto que los libros estaban allí, donde siempre habían estado, a su alcance, dispuestos para ella, para su disfrute y su sorpresa. Para tocarlos y embelesarse con ellos. Y también para despellejarlos, morderlos y utilizarlos como arma arrojadiza.

Olivia apenas habla. Pero sabe leer el libro de Luna. «Nuna, nuna, nuna». Y sabe cómo hacer para conseguir que le leamos una historia. Arrastra su cuento hasta el sofá y nos mira con los ojos más grandes que jamás haya visto nadie. Ojos suplicantes. Resopla algo incomprensible. Parece un osito de peluche, inocente. Nada más lejos de la realidad. Si no le hacemos mucho caso eleva el tono. Al final pega un grito. Luego otro. Y nos pone el libro delante para que no podamos seguir mirando el ordenador, el móvil, o lo que sea que estemos mirando. Su urgencia es casi tan elocuente como su incapacidad para entender nuestras suplicas, nuestros «dame un segundo». Si seguimos sin entrar en razón, acaba golpeándonos con el libro. Sin contemplaciones.

La hora del cuento

Dejo lo que estoy haciendo y cojo el cuento elegido, renegando por el camino de los libros, la lectura y los niños en general. Olivia se sienta en mi regazo. Se acomoda como si ese fuera su lugar en el mundo. Entonces me doy cuenta de que algo huele a chamusquina. Pero está tan feliz y emocionada de haber conseguido por fin su objetivo que le leo su cuento. Total, tardo sólo cinco minutos.

El conejito brinca. El conejito se cae. El conejito parpadea. Y aquí viene mi momento estelar, cuando me escondo detrás del libro de ¡A dormir conejito! y asomo poco a poco los ojos por la parte superior. ¡El conejito espía! Tengo al público rendido. Olivia me regala una de esas sonrisas con las que pierdo el equilibrio. Veo un arcoíris por la ventana.

Cuando acabo y me dispongo a llevarla al cambiador ella grita «¡Má, má!». Más, más. Como era de esperar no acepta un no por respuesta. No quiero que vuelva a golpearme con el libro así que leo otra vez el cuento. Hago los mismos trucos en los mismos puntos del cuento, solo que un poco más exagerado todo. Ella se ríe con las mismas ganas. A mí se me vuelve a poner cara de boba y del arcoíris sale un unicornio.

Más de cuatrocientas Lunas

Tres lecturas después, los cinco minutos se han convertido en veinte y allí huele cada vez peor. No puedo retrasar eternamente la visita al cambiador. Ella se retuerce desesperada. Siempre quiere más. Esta niña se pasaría todo el día escuchando cuentos. La arrastro hasta el cambiador donde sigue gritando como si estuviera a punto de comérmela con patatas. Entonces empiezo a contarle el cuento de Luna y se calma. Le hago pedorretas. Vuelven las risas.

Se baja del cambiador y sale disparada hacia la biblioteca, otra vez en busca de cuentos. La rueda vuelve a girar. Se enfada si no le leo, me golpea con el libro. Menos mal que es pequeño y de cartón. No quiero imaginarme lo que podría hacer con El Quijote. Desde luego, algunos libros son peligrosos.

¿Os habéis parado a pensar que en algún lugar en el mundo hay una persona que ha pronunciado 453 veces la palabra «Luna» en una sola mañana?

Pues si no lo habíais pensado, que sepáis que esa persona soy yo.

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6 Comentarios

  • Reply Irene MoRe 20 octubre, 2017 at 7:57 pm

    Ve ahorrando porque me temo que tienes en casa a una lectora compulsiva.
    Besazos

    • Reply Paula 23 octubre, 2017 at 8:51 am

      La verdad es que alucino mucho con su fascinación… A ver si le dura.

  • Reply Bego 21 octubre, 2017 at 7:39 pm

    Maja, qué bonito escribes. Y qué bonita Olivia 😍

    • Reply Paula 23 octubre, 2017 at 8:51 am

      Olivia es bonita, pero los de pegarme librazos no tanto…

  • Reply Krika 1 noviembre, 2017 at 9:37 pm

    Jajaja, qué post más bonito nena! Precioso.

    • Reply Paula 9 noviembre, 2017 at 10:25 pm

      ¡Gracias bonica! 🙂

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