Mimo con libros

El teatro como herramienta de animación a la lectura

18 octubre, 2017
Teatro infantil

El teatro es a veces el gran género literario olvidado. Muy poca gente lee teatro. Los libros de teatro están avocados a coger polvo en las estanterías de las librerías. O a quedarse custodiando los almacenes de las editoriales. Ese es su destino indefectible.

Y sin embargo, el teatro debería tenerse por una herramienta utilísima en cualquier estrategia de animación a la lectura. Si habéis ido alguna vez con vuestros hijos a ver títeres, o alguna representación de teatro infantil, sabréis lo muchísimo que les fascina. El teatro tiene una capacidad enorme para captar su atención y conseguir que asimilen las historias más variopintas. Además es una actividad que pueden disfrutar desde bien pequeños. Sobre todo si encontramos obras adecuadas para bebés.

Los niños pueden disfrutar del teatro como espectadores. Pero también pueden participar desde bien temprano como «hacedores» de teatro. Los disfraces y las marionetas son objetos que muchos incorporan con gusto a sus juegos. Estos elementos tienen además muchísimo potencial creativo: les ayudan a crear personajes e historias, a imaginar, a imitar simbólicamente a sus mayores, a empatizar, a conocer mejor su cuerpo, a vencer ciertos miedos… Nosotros por ejemplo jugamos de vez en cuando a los médicos con el Doctor Jorge. El Doctor Jorge es un personaje con una bata blanca que aparece de tanto en tanto en nuestra casa y que nos ayuda a afrontar nuestra relación con el personal sanitario, bastante deteriorada por los muchos ingresos hospitalarios de mi hijo mayor.

Así que teatro. Mucho teatro. Vamos a ver cómo podemos mejorar nuestra relación con el teatro desde casa.

Planes teatrales con niños

No sé cómo estará la cosa en vuestras ciudades, pero en Madrid hay una agenda teatral completísima dirigida a los más pequeños. Teatro para bebés, que suele apostar por obras más sensoriales, con colores, sonidos y texturas que los niños muy pequeños pueden entender. Obras más complicadas en las que se representan cuentos clásicos. Y también musicales, títeres, etc.

En Madrid tenemos un par de salas de teatro y algunos centros culturales con una trayectoria más dirigida hacia el público infantil, como La Escalera de Jacob, la Sala Tarambana o el Centro Cultural La Usina. Además en verano funciona el Teatro Municipal de Títeres del parque de El Retiro, que es al aire libre, gratuito y en el que se citan los mejores titiriteros del país.

Si queréis enteraros de lo que se cuece por vuestra ciudad, os recomiendo la página web Sapos y Princesas. Su agenda está repleta de actividades de ocio para los pequeños de la casa en muchos sitios distintos de España.

Juegos teatrales con niños entre 3 y 5 años

En estas edades deberían primar los juegos teatrales con poca o ninguna regla y orientados a la experimentación. En general, bastaría con dejar algunos materiales interesantes a su alcance. Por ejemplo, disfraces y máscaras. Los disfraces no tienen por qué ser muy elaborados, ni muy caros. Pañuelos, camisas viejas de papá, batas, vestidos y faldas, bolsos, collares. Si sabéis coser o se os dan bien las manualidades, las posibilidades se multiplican. Y lo mismo ocurre con la pintura para la cara. Aunque por experiencia os digo que si no queréis que destrocen vuestro maquillaje, igual es conveniente tratar de invertir un poquito de dinero en esto.

Tener en casa alguna marioneta también es práctico. Nosotros utilizamos mucho las marionetas de dedos. Dan muchísimo juego a la hora de crear historias algo más complejas, ya que es fácil abarcar con ellas varios personajes a la vez. Y en el post del último día os hablé de lo fácil que parece construir un teatro de sombras casero. Una caja de zapatos, un poco de papel seda y cartulina negra son materiales suficientes. Yo todavía no lo he probado: cuando lo haga prometo contároslo.

Juegos de teatro con disfraces

Juegos teatrales para niños de entre 6 y 8 años

Para niños un poco más mayores podemos probar algún juego más dirigido. Por ejemplo, podemos meter algunas de nuestras marionetas en una bolsa y hacer que vayan sacándolas de una en una con los ojos cerrados. Después podrían empezar a construir al personaje, asignándole un nombre, una profesión, una vivienda… Al final podrían jugar libremente con ellos, elaborar una historia algo más complicada, realizar algún dibujo, etc.

También se pueden improvisar juegos de mímica. El juego del espejo, en el que imitamos los movimientos de la pareja. O el de los animales mudos, en el que elegimos un animal que representamos sólo con gestos, sin sonidos, para que el resto de la familia lo adivine. Con gestos, pueden expresarse también emociones estereotipadas, como la tristeza, la alegría, el enfado, el entusiasmo…

Con esta edad pueden además empezar a realizar algunas representaciones formales, con o sin texto. Lógicamente, no son aún capaces de memorizar diálogos muy largos, o de inventar libretos muy elaborados. Pero pueden aprender alguna frase, poesía o canción. Y seguramente, si recreamos temporalmente un escenario en algún espacio de la casa (la parte de abajo de una litera, por ejemplo), los niños podrían hacer por sí mismos un poco de su magia.

Teatro para niños a partir de 9 años

A partir de los 9 o 10 años, los niños ya pueden empezar participar en grupos de teatro más formales y representar algún papel corto. En casa se les puede animar a preparar con los hermanos o con los primos alguna obra de teatro con la que amenizar las veladas de toda la familia. Este es un juego que recuerdo con especial cariño de mis tardes infantiles de verano: yo y mis primos inventando enrevesadas funciones, que muchas veces no llegaban a materializarse porque la preparación y puesta en escena nos llevaba tanto tiempo que se nos solía hacer demasiado tarde para representar finalmente la obra.

También se pueden utilizar libretos infantiles (empleando quizás un único pasaje), guiones de películas, o incluso se puede probar con obras algo más complicadas, adaptadas o no dependiendo del interés y las capacidades de los niños. Aquí ya entran desde los clásicos como Shakespeare o Calderón de la Barca, pasando por el esperpento de Valle-Inclán o el teatro crítico y social de Lorca, hasta el teatro reflexivo de Pirandello, cuya famosa obra Seis Personajes en busca de un autor, por cierto, daría mucho juego como lectura juvenil para adolescentes con un interés más particular por este género literario.

 

¿Qué me decís? ¿Os gusta el teatro? ¿Vais a ver obras infantiles de vez en cuando?

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