Taller de creación literaria

Escribir un cuento infantil: taller de cuentos III

13 octubre, 2017
Escribir un cuento infantil

En el Taller de creación de cuentos de hoy trataremos de dar algunas claves para escribir un cuento infantil. Pero antes quiero daros las gracias a todos los que contribuis al desarrollo del taller con vuestras maravillosas ideas en las redes sociales.  De verdad, gracias a todos.

Para el cuento de hoy, la propuesta que os hice fue que apuntarais alguna palabra o frase corta que os sugiriera la foto que encabeza esta entrada. Yo tendría que utilizar dos de vuestras aportaciones para la creación de un cuento: la primera que apareciera en Facebook, que fue «creando recuerdos», y otra elegida por mi compañero de fatigas, que escogió «papá quiero ir allí», que había llegado a través de Instagram.

Antes de enseñaros el resultado y hablaros un poco del proceso, tengo que confesar que esta vez me ha costado muchísimo sacarlo adelante. Y pese a todo, la narración me sigue generando muchas dudas. Creo que había demasiados elementos para hacerlos confluir con armonía en una historia pretendidamente corta. Una foto y dos frases: como suele decirse, tres son multitud.

Pero también es importante entender que el raro y sospechoso no es el autor que duda de su texto, sino el que está plenamente satisfecho de él. Es muy difícil estar a gusto al 100% con lo que uno escribe. Pero hay que poner el punto y final en el algún momento. U olvidarse de escribir.

 


El árbol más grande del mundo

El árbol más grande del mundo vivía en lo más oscuro y tenebroso del bosque, allí donde ni siquiera los lobos se atrevían a entrar.

Era tan grande que en sus ramas construían sus nidos los hipopótamos y una sola de sus hojas servía de manta para arropar a una familia de ballenas.

Como además era un árbol muy sentimental, lloraba con frecuencia. Pero las lágrimas del árbol más grande del mundo no eran lágrimas como las de los demás árboles. Su llanto tenía el poder de devolver la memoria a las personas olvidadizas. Como papá cuando se olvida de apagar el hornillo. O mamá cuando no encuentra las llaves de casa. Con una sola gota todos los recuerdos volvían a su lugar.

Por eso el árbol siempre atraía muchas visitas. Llegaban hasta allí despistados que no recordaban dónde habían aparcado el coche, o qué autobús tenían que coger para llegar al trabajo, o si habían dejado a los niños con la tía o con la abuela.

Algunas veces venían señores poco razonables que no querían esperar a que el árbol se pusiera triste y entonces le daban un puntapié o le contaban un chiste muy malo, muy malo para hacerle llorar. Y así, el árbol se pasaba los días llorando y creando recuerdos para los extraños.

—Papá, yo quiero ir allí, a ver ese árbol.

—Sí, vamos —contestó el padre—. Así podré contarte el final de la historia, que no lo recuerdo.


 

Escribir un cuento infantil

El objetivo que yo me había impuesto con este cuento era el de escribir un cuento infantil. Es decir, escribir un cuento que algún niño menor de diez años pudiera entender y disfrutar.

Empecemos reflexionando sobre aquello que NO necesita un cuento infantil.

No necesita simplismo. Los niños no son tontos. Pueden entender argumentos complicados e incluso palabras difíciles. Solo hace falta que la historia esté bien explicada y el lenguaje no sea enrevesado.

No necesita recursos literarios pobres, esos que nunca utilizaríamos en un relato para adultos. Por ejemplo, un fallo frecuente que encuentro en los libros infantiles es el uso del llamado «Deus ex Machina». Los «Deus ex Machina» son giros de guión oportunos que no vienen a cuento, pero que resuelven convenientemente la trama. Es lo que en el lenguaje popular se conoce como «sacadas de manga».

No necesita ser moralizante. Es decir, el texto no debe rezumar ni moralejas demasiado evidentes, ni valores educativos demasiado explícitos. En mi caso he estado a punto de caer en esta trampa con uno de los (muchos) finales que he escrito. En él, el árbol castigaba simbólicamente a los malhechores que le hacían llorar anegando todo el bosque con sus lágrimas.

A partir de aquí y teniendo esto claro, ya podemos aportar algunos elementos que SÍ sería interesante encontrar en un cuento infantil:

En primer lugar, hipérboles inverosímiles. Por ejemplo, nidos de hipopótamo o una hoja tan grande como para cubrir a una familia de ballenas. Estos recursos probablemente no tendrían cabida en muchos relatos para adultos. Pero en los cuentos infantiles tienen todo el sentido del mundo. ¿Cómo transmitir a un niño en pocas palabras que realmente estamos hablando del árbol más grande del mundo sino utilizamos este tipo de exageraciones?

En segundo lugar, la animación o personificación de seres inanimados. Esta figura retórica en literatura se conoce como prosopopeya. Este fue uno de los recursos que me ayudaron a trazar las líneas básicas del cuento bajo el paraguas de esa idea que me habían sugerido de «crear recuerdos».

En tercer lugar, el sentido del humor.

Por último, la presencia de recursos metanarrativos, es decir, elementos narrativos que hablan de sí mismos, que problematizan la propia narración. Aunque parezca raro, estos son recursos típicos de los cuentos infantiles, especialmente allí donde el narrador se hace visible: en este caso el narrador aparece en el texto al convertirse en un ser real (el padre) que está contando una historia.

Para terminar, para casi cualquier proyecto, pequeño o grande, es importante recibir un buen feedback de las personas adecuadas. En este caso, las personas adecuadas son fundamentalmente niños. El antepenúltimo borrador de este texto lo probé con mi hijo, y su reacción me obligó a reforzar algunas ideas que claramente no había comprendido bien, y a suprimir y modificar otros elementos que le habían causado cierta inquietud innecesaria.

Eso es todo por hoy. ¿Os animáis vosotros a escribir un cuento infantil?

También puede interesarte

10 Comentarios

  • Reply remorada 13 octubre, 2017 at 9:47 am

    me ha gustado mucho el cuento… y como dos torres de hipopótamos más los tips!

    • Reply Paula 16 octubre, 2017 at 8:12 am

      ¡Gracias Remorada! Me encanta que le encante a una cuentista como tú 🙂 ¡Besos grandes!

  • Reply María 13 octubre, 2017 at 2:36 pm

    Yo he quedado 100% satisfecha con tu relato. Me gusta mucho el final. Gracias!!

    • Reply Paula 16 octubre, 2017 at 8:11 am

      Jajaja, ¡gracias! Besotes grandes

  • Reply Irene MoRe 13 octubre, 2017 at 5:59 pm

    Los consejos son buenísimos, pero I por esas me animo yo a escribir. Eso lo dejo para especialistas como tú.
    Besazos.

    • Reply Paula 16 octubre, 2017 at 8:11 am

      ¡Ohhh! Pues estoy súper convencida de que lo harías genial Irene. Un besote grande.

  • Reply Nueve meses y un día después 13 octubre, 2017 at 6:33 pm

    ¡Me encanta! El cuento y los recursos. Eres una cuentista magnífica. Me he imaginado unas ilustraciones maravillosas.
    Por cierto que me hace especial ilusión porque “creando recuerdos” fue lo que yo puse. 😍😍😍

    • Reply Paula 16 octubre, 2017 at 8:09 am

      ¡Sííí! Fuiste la primera, jejeje. Que sepas que odio mucho los gerundios, pero me encantó la imagen y la usé desde el principio como conductora de la historia. ¡Besotes!

  • Reply Bego 16 octubre, 2017 at 3:13 am

    Qué difícil el reto y qué bien resuelto. Me han encantado tus hipérboles inverosímiles ❤

    • Reply Paula 16 octubre, 2017 at 8:06 am

      Muy difícil, la verdad. He acabado exhausta. Gracias Bego, un besote.

    Deja un comentario