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En defensa de los cuentos tradicionales: 5 argumentos

5 octubre, 2017
Cuentos tradicionales

«En todos los países cultos se han apreciado y conservado cuidadosamente no sólo los cantos, sino los cuentos, consejas, leyendas y tradiciones populares e infantiles; todos menos en el nuestro». Cecilia Böhl de Faber

Tenemos muchos reparos en leerles a nuestros hijos cuentos tradicionales. Entre Caperucita y un cuento con un montón de emociones dibujadas con colores brillantes, nos vamos siempre a por el segundo. Y la pobre Caperucita acaba calumniada y etiquetada como cuento patriarcal, antianimalista y abuelafóbico.

En este post me dispongo a esgrimir una concienzuda defensa de los cuentos tradicionales, con el propósito de empezar a introducirlos con más asiduidad en la dieta lectora de nuestros hijos.

¿Qué es un cuento tradicional?

Los cuentos tradicionales son cuentos que proceden de la tradición oral y que empezaron a ser reelaborados y recopilados a partir del siglo XVII por algunos de los compiladores más afamados. Charles Perrault publicó en 1697 sus Cuentos de mamá ganso. En él aparecían algunas de las narraciones más importantes de nuestra infancia: «La bella durmiente», «Caperucita Roja», «Barba Azul», «La cenicienta», «El gato con botas».

En el siglo XIX, de la mano del romanticismo y del nacionalismo, aparecieron nuevas a importantes recopilaciones de cuentos tradicionales. Una de las más famosas es la de Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Los Grimm recogieron sus propias versiones de algunos de los relatos de Perrault, e incorporaron cuentos nuevos como «Hänsel y Gretel». Aunque sin duda uno de los repertorios de cuentos europeos más completo se lo debemos al danés Hans Christian Andersen, que incorporó a la lista numerosos títulos como «El patito feo», «El traje nuevo del emperador», «La reina de las nieves» o «La sirenita», entre muchos otros.

En España, una de las primeras recopiladoras de los cuentos de la tradición oral fue Cecilia Böhl de Faber y Larrea, que publicó sus escritos bajo el seudónimo de Fernán Caballero. Aunque sin duda fueron los cuentos publicados años más tarde por Saturnino Calleja los que adquirieron verdadera popularidad en nuestro país. Muchos eran revisiones de los cuentos de los Grimm, de Perrault o de Andersen, que decoraba con un tono castizo.

De la tradición oral a los grandes recopiladores. Y de los grandes recopiladores a los editores populares. Esa es aproximadamente la secuencia que ha puesto al cuento tradicional en nuestras vidas.

Versiones de versiones

La historia del origen de los cuentos tradicionales subraya un rasgo de estos relatos que no siempre se valora en la medida oportuna: todos los cuentos que proceden de la tradición oral, todos y cada uno de ellos, son una versión. No hay un cuento original y un montón de versiones subsecuentes. Tampoco hay una versión buena y una mala. Los Grimm o Andersen escribieron versiones de los «cuentos de viejas» que ellos habían escuchado. Y los «cuentos de viejas» a su vez eran versiones de versiones de versiones de una misma historia.

Pensemos en ello cuando nos hablen «mal» de la Cenicienta o del Gato con Botas: el problema no son ellos, son las versiones que hemos escuchado de sus historias.

Lo bueno de esto es que nos permite seguir actualizando siempre estas narraciones, sin ningún miedo. Las historias esconden en su fondo preocupaciones humanas más que legítimas, y se pueden revisar una y mil veces para ponerlas al día. Pero, cuidado. Revisiones de las historias tradicionales sí. Pero no todo vale. Tienen que tener algún sentido, tienen que sustentarse en un buen conocimiento sobre el cuento que se va a revisar, sobre su historia, su evolución, sus significados. Y, sobre todo, tienen que tener respeto hacia el hecho literario. Cambiar el final porque no me gusta y es conflictivo puede que no sea la mejor idea desde un punto de vista literario. La literatura es conflicto.

Caperucita Roja

Dos versiones modernas de Caperucita

5 motivos para leer cuentos tradicionales

Pero, ¿por qué empeñarse entonces en los cuentos tradicionales? Dediquémonos a los cuentos modernos y ricos en valores y así no tenemos que preocuparnos de nada más. Pues no señor. No vayamos a lo fácil. Hagamos las cosas un poco difíciles. Aquí os doy unas pocas razones que espero os sirvan para poner en valor estas narraciones.

Nos conectan con nuestra historia

Los cuentos tradicionales son cultura e historia. Es algo que nos conecta con nuestros antepasados, seguramente de una forma mucho más directa de lo que creemos. Es poco probable que pudiéramos hablar de nuestra cotidianeidad o de nuestras rutinas con un europeo del siglo XIII. Pero quizás, sólo quizás, podríamos hablar de la historia de Caperucita.

Nos conectan con otras culturas

Además de atemporales, estos cuentos son también globales. Se han extendido tan ampliamente que se han convertido en una auténtica conexión intercultural. Aunque en un mundo globalizado esto no parece tan excepcional, la diferencia es que el carácter universal de estos cuentos viene de lejos. No es algo nuevo. De hecho, muchas de estas historias podrían considerarse en la base de una cultura europea, por ejemplo.

Es una decisión feminista

Es verdad que los cuentos tradicionales, tal y como los conocemos, tienen un tufo machista que se hace insoportable. Pero, ¿por qué creéis que se les llama «cuentos de viejas»? ¿Por qué pensáis que Charles Perrault hablaba de «Mamá ganso»? ¿Y por qué los hermanos Grimm mencionaban a la señora Viehmännin?¿Sabéis quiénes son en casi todas las culturas y en casi todos los momentos históricos las verdaderas hacedoras y transmisoras de la tradición oral? Sí señor: las mujeres. Y además las mujeres más humildes (cocineras, nodrizas, sirvientas, ayas).

Es más que probable que los cuentos que circulaban popularmente y que transmitían las mujeres antes de que fueran normalizados por estos grandes recopiladores, por estos señores ilustres y bien posicionados, no tuvieran estos defectos tan agudizados. Así que, digo yo: ¿qué hay más feminista que recuperar la voz de nuestras mujeres, silenciada en la prosa de los escritores insignes?

Nos enseñan otras cosas

Es cierto también que muchos de los valores de los cuentos tradicionales ya no nos representan. Pero los relatos no enseñan solo valores. Los libros «pedagógicos» no son sólo los libros «moralizantes». También son educativos aquellos libros que ponen nombre a nuestros miedos atávicos, a nuestras inquietudes, a nuestras frustraciones: el miedo a lo desconocido, la consternación hacia el escarnio público, los peligros de la imprudencia… Ello por no mencionar que, pese a todo, algunos valores clásicos de estos cuentos siguen estando vigentes hoy en día: la generosidad o el coraje tienen premio, las clases sociales se disipan ante la valía personal, etc.

Son un desafío en la crianza

Finalmente, ¿qué reto hay en tenerlo todo siempre machacadito? «Los buenos son buenos se dieron besitos con los buenos, adoptaron un colibrí también muy bueno y hablaron mucho de sus sentimientos. FIN». Necesitamos desafíos en la crianza de nuestros hijos. Historias que nos inviten a enseñarles que no todo es blanco o negro. Situaciones que nos coloquen a nosotros en una situación incómoda, que deba resolverse mediante el diálogo. No estoy hablando de aterrorizar a los niños, ojo, pero sí de producir un poquito de inquietud en ellos, al menos lo suficiente para que sus porqués fuercen una conversación un poco más comprometida con las desigualdades y las injusticias del mundo.

 

Y vosotros, ¿leéis cuentos clásicos a vuestros hijos?

 

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10 Comentarios

  • Reply Diana 5 octubre, 2017 at 7:57 am

    Me han encantado tus razones. Tomo nota <3 (Aunque no sé si necesito más desafíos en nuestra crianza je je je).

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 8:04 pm

      Bueno, algún desafío más nunca viene mal XD

  • Reply Irene MoRe 5 octubre, 2017 at 12:01 pm

    Pues no les leo ninguno, pero les cuento muchos, y les encantan. El patito feo, Caperucita, Los 7 cabritillos, Los 3 cerditos, Hansel y Gretel, La Cenicienta…. Pero sería buena idea hacernos de ellos en papel.

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 8:03 pm

      Jo, pues si les cuentas todos esos ya estás haciendo todo un trabajazo. A mí es que se me da fatal narrar de memoria, pero contarlos así vale tanto o más.

  • Reply Nueve meses y un día después 6 octubre, 2017 at 7:48 am

    Eres maravillosa. Me encantan tus contrapuntos. Nosotros somos muy de cuentos tradicionales, es que al pollo le encantan. Y es verdad que ahora, con todo tan políticamente correcto, parecen ser el mal pero es que qué rollo con todo tan dentro de la norma. Creo que incluso las partes a priori negativas de estos cuentos nos pueden dar situaciones para educar.

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 8:02 pm

      ¡Qué bien! Claro que sí. Yo es que no los veo ni buenos ni malos (menos la Bella Durmiente que me pone de los nervios). Es verdad que hay cosas difíciles de digerir, pero por otro lado está bien que salgan esos temas y tengamos ocasión de hablar de ellos. Si los niños crecieran en un mundo en el que los cuentos sólo tuvieran esos valores, pues igual era más preocupante. Pero ahora tienen tanta variedad de historias y tantos contrapuntos, que estos sólo abren una ventana más.

  • Reply Bego 8 octubre, 2017 at 9:17 pm

    Yo la verdad que no pero porque no los tenemos en papel, no tengo nada en contra de la tradición. Es más, estoy a favor de acercar a los a la tradición porque, revisada o no, tiene mucho que ver con cómo es nuestro presente.

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 7:53 pm

      Totalmente de acuerdo Bego. Por aquí nos pasa algo parecido. En casa tengo ese libro precioso de los Grimm que sale en la foto, que me lo regaló a mí mi abuelo cuando era una niña, que es un facsímil de la primera traducción de los Grimm que llegó a España. Es un poco complicado por el lenguaje anticuado, pero creo que a Jorge ya se lo puedo leer (a mí me encantaba a pesar de la ortografía y la gramática raruna… aunque era un poco más mayor). Pero yo soy fatal para narrar de memoria cuentos populares (y en general cualquier cosa), así que tampoco los hemos trabajado mucho todavía. Lo difícil de verdad es encontrar una buena versión de estos cuentos, por eso también cuesta tanto introducirlos en nuestras casas.

  • Reply remorada 9 octubre, 2017 at 10:22 am

    muy de acuerdo! aunque también estaría bien dosificarlos de acuerdo a la edad, que Andersen, por ejemplo, es demasiado angustiante… hasta llegar a Giambattista Basile cuando eres un poco mayor y te das cuenta de que todo estuvo edulcorado y menos mal! xD

    Leer y comparar versiones también es un ejercicio interesante… y más cuando ves historias clásicas europeas que tienen unos “similares” en diversas partes del mundo ^^

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 7:45 pm

      Yo todavía creo que no he encontrado mi compilador perfecto. A Basile no lo he leído, tengo muchas ganas porque dicen que es el más fiel a la tradición oral y además de los primeros en compilar en Europa las narraciones orales (y de la tradición italiana, que es otro rollo). Creo que voy a ponerme con ello… ¡Besotes!

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