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Fiasco VS Acierto: la cosa va de cacas

2 octubre, 2017
Libros de cacas

Cuando hay niños rondando, más tarde o más temprano, las cacas aparecen en tu vida. Bien porque están presentes en cada momento vital, bien porque nombrarlas resulta a partir de cierto momento el chiste más gracioso del mundo, niños y cacas son todo uno. Así que prepárense para un post de lo más escatológico.

Vivir en la mierda y cómo superarlo

Hace aproximadamente un año en esta casa nos encontrábamos hundidos en la mierda. Literalmente. Después de varios meses con la operación pañal a cuestas, constatábamos que estaba siendo un completo fracaso. Los acontecimientos dieron además un giro inesperado cuando nos percatamos de que el estreñimiento que creíamos que tenía nuestro hijo mayor, era en realidad algún tipo de bloqueo mental. En otras palabras, se aguantaba la caca. Aposta. Y lo hacía con todas sus fuerzas. Lo que pensábamos que eran esfuerzos para evacuar, resultaron ser esfuerzos para no hacerlo. Una pesadilla.

Cuando estás metido en el fango de esa manera, eres capaz de probar cualquier píldora mágica que te prometa un poco de felicidad. Nosotros probamos muchas cosas y una de ellas fue inundar nuestra casa de libros de cacas. Nos convertimos en unos expertos literarios de la mierda.

No soy muy dada a «los libros que nos explican cosas». Sólo he tirado de ellos conscientemente en dos ocasiones: cuando se murió mi abuela (elegimos un libro que fue un fracaso total) y en este punto culminante de nuestra relación con las cacas. Y bueno, no sé si fue por los libros, por alguno en concreto o por la abundancia de todos ellos, si fue por todas las demás cosas que pusimos en marcha, o sencillamente porque era algo que tenía que pasar en algún momento. Pero progresivamente la mierda dejó de controlar nuestras vidas.

Aproximaciones literarias a las cacas

Sin duda este es un tema delicado para tratar en un cuento. Ya lleva el chiste implícito, así que conviene no excederse demasiado con la broma. Hace falta mucha pericia para que toda la historia no acabe chirriando estrepitosamente.

Aquí os traigo dos forma completamente distintas de abordar el problema. El primer libro se llama El gran concurso de la caca y es un fiasco total. No hay por donde cogerlo. El segundo, sin embargo, El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza es todo un acierto. Lo bueno es que al comparar ambos, podemos aprender algunas cosas importantes de lo que significa hacer literatura.

¿De qué van estos dos libros? Pues de cacas y más cacas. El argumento general de estas dos historias es muy similar: básicamente el lector verá pasar ante él un desfile de zurullos, cagarros y boñigas de todos los tamaños y formas, procedentes de los animales más variados. Entonces, ¿cómo dos libros tan similares, pueden ser tan distintos desde el punto de vista literario? Vamos a verlo.

Libro sobre cacas

Los personajes

El protagonista de El topo que quería saber… es un topo viejo, cegato, torpe y tontorrón con el que uno es capaz de generar cierta empatía. Está buscando al responsable de la tremenda cagada que la ha caído en la cabeza y cuando por fin lo encuentra… Bueno, como suele decirse, la venganza es un plato que se sirve frío.

El protagonista de El gran concurso de la caca es el rey Pedorro I, un león sin sustancia ninguna, con un traje horrible, con una profesión espantosa (¿quién quiere ser rey en los tiempos que corren?), que parece tener sojuzgada a toda la población animal con su fetichismo escatológico. Por no hablar de ciertos personajes secundarios que aparecen y desaparecen sin que su presencia tenga ningún tipo de relevancia para el desarrollo de la historia (me refiero, a la reina escandalizada o a los lacayos que le siguen el juego a esta especie de dictador de los pedos).

El sentido del humor

En El topo que quería saber… el sentido del humor es algo implícito. Bueno, sí, ver aparecer una caca tras otra tiene una parte de chiste fácil, obvio. Y observar a un topo pasearse por todas las páginas de este libro con un cagarro en la cabeza te hace reír sin tener que darle muchas vueltas al coco, está claro. Pero este libro combina los elementos de su historia de una manera muy inteligente. Por ejemplo, los exquisitos modales del topo contrastan con la indecente situación que presenta el relato. En esa aparente incongruencia, apuntalada al final por la ridícula venganza del topo (de la que él parece muy orgulloso), es donde salta la chispita.

En El gran concurso de la caca el sentido del humor no tiene ningún tipo de doblez. Caca, culo, pedo, pis. No hay más. Es verdad que los niños muchas veces no necesitan otra cosa para reírse. Pero también es verdad que no podemos esperar que un libro que no supone ningún reto para sus lectores (ni a nivel formal, ni lingüístico, ni conceptual) pueda adquirir un valor literario real y duradero.

El elemento funcional de la historia: la función argumental de las cacas

En El topo que quería saber… la caca tiene un propósito concreto en el desarrollo de la trama. Cumple una función. El pobre topo asoma un día la cabeza por su agujero feliz y ufano, y todo su gozo acaba en un pozo cuando inmediatamente es víctima de un infortunio capaz de amargar la existencia a cualquiera: le cae una mierda en la cabeza. Cosas que pasan. Pero es eso lo que le lleva a iniciar la persecución para localizar al culpable que da sentido a esta aventura.

En El gran concurso de la caca, la caca no tiene ninguna función intrínseca. Vamos que el concurso lo mismo podía haber sido de cacas, como de mocos, de paellas o de plagas del hogar. Nuestra lógica no es capaz de explicar con naturalidad la fijación que tiene el rey Pedorro I con los excrementos, más allá de que podamos considerar a este personaje como una suerte de pervertido. En realidad, la única razón de ser de las cacas en este cuento es el chiste fácil y vacío. Otra vez caca, culo, pedo, pis.

El continente: lenguaje y forma

El lenguaje de El topo que quería saber… es locuaz, está bien construido, no hay palabras de más, ni palabras de menos. Ofrece un rico vocabulario para referirse a la caca (boñigas, balines, pelotillas, pastelón…). En El gran concurso de las cacas no pasamos de cacas y caquitas. Pero además me parece intuir que hay algún fallo gordo en la traducción (o eso o el libro es aún peor de lo que uno pueda esperar), ya que hay un par de chistes o juegos de palabras que no tienen ningún sentido.

Finalmente, las ilustraciones de El topo… son sencillas pero originales, y acompañan a la historia enfatizando el contraste entre sus distintos elementos. Las ilustraciones de El gran concurso de las cacas son pretenciosas, planas, ordinarias e irrelevantes completamente para el transcurso de la historia.

 

Conclusión: por más que las cacas puedan resultar una temática apropiada para un público infantil, no vale cualquier cosa. Una sucesión de cacas sin sentido y sin propósito alguno no pasa el filtro. ¿O sí? Porque tengo que admitir que, para mi desgracia, a mi hijo le encanta este libro.

 

¿Tenéis vosotros libros sobre cacas?

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9 Comentarios

  • Reply Bego 2 octubre, 2017 at 9:59 am

    El libro del topo es guay. Cuando trabajaba en la librería era uno de los superventas 🙂

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 8:43 pm

      Mola muchísimo. A mí me encanta 🙂

  • Reply Diana 3 octubre, 2017 at 6:05 am

    El del topo es un clásico aquí 🙂 Ains, pobre Jorgete con su bloqueo mental, a la par casi que su querida Mara. Menos mal que ya hemos enviado a paseo este asunto terrorífico.

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 8:43 pm

      Sí, menos mal. ¡Qué mal lo pasaron!

  • Reply Irene MoRe 6 octubre, 2017 at 1:45 pm

    Nosotros con el enano tuvimos el mismo problema. Pasábamos de 4 días «estreñido» con unos dolores tremendos, a otro 4 de diarreas pestilentes. Le hicieron miles de pruebas, analíticas, cultivos…. y nada.
    Finalmente todo se reguló, lástima no haber conocido antes el libro del topo, aunque no sé si habría sido de ayuda porque ahora estamos dejando el chupete y hay un libro que le encanta y que me pide mucho que le lea, pero no surte ningún efecto.

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 7:57 pm

      A ver, yo la verdad es que creo que el papel que puede tener un libro concreto en un proceso de aprendizaje como éste es muy, muy limitado. Vamos, que no creo en los libros milagrosos. En realidad nuestra estrategia en este caso fue inundar nuestra vida de cacas: libros de cacas, charlas de cacas, canciones de cacas, dibujos de cacas, le poníamos nombres a las cacas… Lo que queríamos es que le perdiera el miedo al tema. Los libros fueron una cosa más. Pero el del topo mola igualmente.

  • Reply remorada 9 octubre, 2017 at 10:05 am

    yo tengo «todos hacemos caca» de taro gomi y me encanta! 😀

    • Reply Paula 9 octubre, 2017 at 7:46 pm

      ¡Lo apunto!

  • Reply Virginia 17 julio, 2019 at 10:45 pm

    Yo recomiendo el de «¿Puedo mirar tu pañal?». A mi hija le encanta.

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