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5 libros de mi infancia: las jugarretas de la memoria

13 septiembre, 2017

Varios cuentos de mi infancia han vuelto recientemente a mi vida. Algunos solo como recuerdos, otros como entidades físicas. Aunque en mi cabeza sonaban como grandes obras literarias, lo cierto es que releyéndolas hoy, unos 25 años después, no todas superan el paso del tiempo. Ni ¡Devolvedme mis piojos!, ni muchos de los Cuentos de la Media Lunita son libros que yo recomendaría ahora, por más cariño que les tenga. Sin embargo, también me ha gustado descubrir que algunos cuentos y algunos autores que hoy en día encuentro fascinantes, habían transitado mi niñez temprana. Os dejo con ellos.

¡Devolvedme mis piojos!

Este es uno de los cuentos que más huella ha dejado en mi memoria, no sé por qué. A pesar de los esfuerzos de mi madre por conseguir que estos piojillos me produjeran un poco de reparo, me encantaba verlos saltar en la bañera y jugar al futbol. Este cuento resultaba estupendo para desdramatizar este espinoso tema que tantos quebraderos de cabeza da a padres y madres.

Este libro, publicado por Altea y hoy descatalogado, explicaba la historia de Matías, un niño un poco solitario. La única compañía divertida que encuentra Matías es la de un nutrido grupo de piojos que se instala a vivir en su cabeza. Los piojos y Matías conviven en completa armonía. Matías incluso les alimenta esparciendo chocolate rallado por su cabello. Pero cuando su madre descubre la plaga, todo se viene abajo. Con mucho disgusto, Matías tendrá que decir adiós a sus piojosos amigos.

Calixta la lista

Si algún día me atrevo a poner un pie en el trastero de la casa de mis padres, sin duda será para buscar este libro. Publicado por SM en su colección Leo-Leo, este cuento escrito por el checo Miloš Macourek está hoy descatalogado. Además parece imposible encontrar una sola imagen suya en internet.

No recuerdo bien toda la historia, pero la idea de Macourek me parece todavía hoy una genialidad. Calixta era una niña a la que le encantaba aprender. Pero un día se le llenó la cabeza y ya no conseguía meter en ella ni una sola palabra más. Entonces se hizo con una cabeza de repuesto, completamente nueva y vacía, lista para llenarla de nuevos conocimientos.

Se me escapan los detalles del libro en la memoria. No sé de dónde sacaba aquella cabeza, o cuál era el motivo de que tuviera que ir paseándola en una bolsa. Lo que recuerdo es que la historia daba un vuelco argumental hacia el más puro humor negro. Resulta que en el mercado Calixta se daba cuenta de que en su fardo, en lugar de su cabeza, había un repollo. ¡Una señora se había llevado su cabeza por equivocación! Cuando conseguía localizarla era ya un poco tarde: la señora se había despistado y ¡había cocinado la cabeza de Calixta! Por suerte, nadie se lo tomaba demasiado mal, porque a todos les parecía que con ese color sonrosado Calixta tenía mucho mejor aspecto.

Los Cuentos de la Media Lunita

La infancia de muchos de nosotros está marcada por la colección de libros del Barco de Vapor. Pero no sé qué hubiera sido de mi niñez tampoco sin los Cuentos de la Media Lunita. Esta colección fue recopilada y reelaborada por Antonio Rodríguez Almodóvar a partir de relatos procedentes de la tradición oral. Eso sí, puede resultar un poco chocante para el lector actual. Las narraciones y el lenguaje son bastante más crudos de lo que estamos acostumbrados en los libros infantiles. Pero además el diseño de la edición, con esa tipografía caligráfica tan marcada, se me antoja ahora particularmente extraño.

No me quedo con un título en particular. Un pobre rey, con esos tres príncipes pobres y alocados. El inquietante Los tres toritos. O esa revisión tan curiosa y alegórica de El bello durmiente. Pero me quedo con un recuerdo. Estando de vacaciones, tuve que acompañar a mi madre a recoger el coche que estaba esperándonos en un taller. Mientras hacíamos tiempo, estuvimos paseando por un Hipercor. Aquel día mi madre me dio todos los caprichillos que normalmente no podía darme. Le pedí una caja de horquillas y unos cuentos de la Media Lunita. Me compró cuatro. Luego me invitó a desayunar un croissant a la plancha. Yo estaba radiante.

Recuerdo que aquel croissant me supo a gloria. Recuerdo también que durante mucho tiempo después estuve tratando de buscar ese gusto en otros croissants, en otras cafeterías, pero no creo haberlo conseguido nunca. Supongo que era el sabor de la felicidad.

Cuentos por teléfono

Gianni Rodari fue un genio que se atrevió a explorar la metanarrativa dentro de la literatura infantil. Este autor se coló en mi casa hacia finales de los ochenta sin que yo me diera cuenta. Cuentos por teléfono, publicado en España por la Editorial Juventud, arranca con uno de esos comienzos que revelan la pluma de un gran escritor. Rodari es un escritor con un talento y una agudeza que no siempre es fácil encontrar en la literatura infantil, un ámbito que muchos parecen entender como el patio trasero de la literatura.

La primera historia es también el hilo que entreteje todas las demás narraciones. En ella se nos presenta al señor Bianchi, un comerciante obligado a viajar todo el tiempo. Cada noche llamaba por teléfono a su hija para contarle un cuento y conseguir que se durmiera. «Veréis que todos [los cuentos] son un poquito cortos; claro, el señor Bianchi tenía que pagar las conferencias de su bolsillo». Rodari terminaba explicando que «cuando el señor Bianchi telefoneaba a Varese, las señoritas de la telefónica suspendían todas las llamadas para escuchar sus cuentos». ¿No os parece un principio redondo?

Osito

Osito (Kalandraka) hizo su aparición en esta casa de la mano de nuestra proveedora oficial de libros: mi madre. Cuando empezamos a leerlo, me di cuenta de que me resultaba muy familiar, aunque en un principio no lo hubiera recordado. La historia de Osito y el abrigo de piel aparecía de pronto especialmente nítida en mi cabeza. ¿Cómo no iba a recordar que Osito solo dejó de tener frío cuando se puso su abrigo de piel?

Como ya expliqué, Osito es ahora uno de nuestros imprescindibles. Después de aquel primer volumen, hemos ido adquiriendo progresivamente casi toda la colección. Es uno de los libros que con más placer leo a mis niños, y también parece que es uno de los preferidos de Jorge.

¿Recordáis algún libro que os chiflara cuando erais pequeños?

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5 Comentarios

  • Reply Diana 13 septiembre, 2017 at 7:16 pm

    Recuerdo muy pocos cuentos de pequeña. Mi abuela me leía libros que tenía por casa y así descubrí Moby Dick, La vuelta al mundo en 80 días y cosas así. También cuentos tradicionales que me contaba a su rollo. No tengo recuerdo de leer con mis padres, si mi madre lo hizo no lo sé, la verdad.

    De más mayor recuerdo a Tintof el monstruo de la tinta, El lunar de Karoline y El pequeño vampiro. Pero éstos ya los leía yo.

    Me ha encantado conocer tus cuentos y más ver esas fotos preciosas. Jorge es tu clon (ahora que Peter no nos lee). Muaka

    • Reply Paula 14 septiembre, 2017 at 12:57 pm

      Pero eso está genial. A mí mi padre me leía pasajes de la Odisea. Yo también era súper fan del Pequeño Vampiro ❤

  • Reply Nueve meses y un día después 13 septiembre, 2017 at 9:24 pm

    Por favor, Leo-Leo, qué recuerdos. Me chiflaba, con sus secciones. Yo tengo muchos recuerdos de los libros de Los cinco así como de Querida Susi, querido Paul.

  • Reply Bego 14 septiembre, 2017 at 9:13 am

    Yo amaba unos cuentos troquelados que creo que el año pasado intentaron relanzar en unos coleccionables. Luego ya recuerdo libros y tebeos.

  • Reply Krika 14 septiembre, 2017 at 12:53 pm

    Yo no recuerdo que mis padres me leyeran cuentos de pequeña, pero sí que tenía uno que tenía varios cuentos (yo los que más leía era Gulliver y la tortuga y la liebre. Todavía lo tengo (un poco reconstruido con fixo) y lo he leído mucho con mis hijos. Por cierto, qué bien escribes nena. Se me ha erizado todo con lo del croissant y el sabor de la felicidad.

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